
Hace poco escribía unas líneas sobre la apresurada adhesión de los países del Centro y Este del continente a la Unión Europea, y lo cierto es que las últimas noticias sobre la crítica situación financiera de Grecia, y la concesión de un préstamo de 80.000 millones de euros, me conducen a una segunda reflexión. ¿Hemos malcriado a un niño? ¿No existe una corresponsabilidad de las altas organizaciones internacionales y transnacionales, llámense UE, OCDE, FMI, en la quiebra de la República Helénica que pueden ser anticipo de otras en el continente?
Para responder a estas preguntas no hay más que retroceder unos años, cuando los gobiernos de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) se daban codazos para entrar en la Unión Monetaria y poder mostrar ante sus electorados las flamantes monedas de euro. Sanear las cuentas requería ímprobos esfuerzos financieros y recortes presupuestarios. La desastrosa economía griega de entonces no permitió, pese a la manga ancha de los últimos meses, que el país helénico fuera uno de los que formaran parte de esa Unión Monetaria, y el 2 de mayo de 1998 fue expresamente excluido del grupo. Sin embargo, no mucho más tarde, en 2001, la República Helénica fue admitida, in extremis, y, finalmente, formó parte de la moneda única y pudo sustituir sus devaluados dracmas por relucientes monedas de euro en 2002, junto al resto de países que sí habían ajustado sus cuentas y cumplido las condiciones a tiempo.
Como es sabido, a un niño travieso no puede premiársele por hacer las cosas mal; a un hijo pródigo no pueden mostrársele malos ejemplos, porque los acaba asumiendo y utilizando para justificar los propios desatinos. Después de la absolución de Grecia en 2001, ya con sus euros en el bolsillo, el país helénico ha sido testigo de esos otros malos ejemplos. Las ampliaciones de la UE hacia el Centro y Este de Europa, en 2004 y 2007, tampoco ha servido para estimular la ortodoxia helénica. La masiva incorporación de países que no cumplían, ni por asomo, los criterios económicos de adhesión, en especial los de poseer economías consolidadas que soportaran las fuerzas de mercado, ha sido una nueva señal indicativa de que en la UE «todo vale» y al final «todo el mundo es premiado haga las cosas bien o mal». Muy recientemente, el diario financiero rumano Financiarul publicaba un artículo en el que se afirmaba «que el objetivo de reducir drásticamente la pobreza en 2020 en Rumanía era absolutamente imposible» ¿Realmente alguien puede pensar que países como Rumanía o Bulgaria cumplían los criterios económicos de adhesión? Obviamente no. (Vid. mi anterior entrada «Las fuerzas de mercado devoran la Europa del Este»). Las ampliaciones, salvo contadas excepciones, han sido un ingente proceso de compra de solares en la rebajas.
En los últimos años, estos episodios de incongruencia económica han sido absorbidos por una clase política griega incompetente pero consciente de que las irresponsabilidades se diluían en la memoria colectiva sin ninguna consecuencia para electores o electos.
En la parábola del hijo pródigo (Lucas, 15, 1-3.11-32), se recibe con fiestas y fastos al hijo descarriado.
Pero el padre dijo a sus siervos: «Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado».
Pocas recriminaciones hay que hacerle a Grecia. El perdón divino lo tiene por imposición evangélica. Y el aplauso del invisible e inaudible Presidente de Turno de la UE, Rodríguez Zapatero, por supuesto, también. Ya verán ustedes como Grecia no pagará un sólo céntimo, en plazo, del préstamo concedido. Dentro de unos años, cuando se haya comido el novillo bien cebado con 80.000 millones de euros, habrá nuevas fiestas que celebrar.
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