Wagner para unas palabras de recuerdo


Aplastamiento de la Revolución Húngara por tanques soviéticos

En una cena que ofreció en su casa, y que reunió a un grupo de antiguos exiliados húngaros, Tamás K. me comentó que  se estaba aficionando a escuchar la música de Wagner. Tamás, que huyó de Hungría, a raiz de la Revolución de 1956, obtuvo la nacionalidad británica y fue locutor de la BBC internacional en un programa  de onda corta dirigido a los húngaros que por diversas razones, políticas o no, habían acabado viviendo en el extranjero. Antes de la cena, nos obsequió con un libro diminuto, llamado «Csongor és Tünde» [Csongor y Tünde], escrito por el dramaturgo y poeta Vörösmarty Mihály, considerado  obra clave de las letras húngaras, en una edición de 1958. Llevaba una emotiva dedicatoria:

«Tündének aki Hispániában bunkkant rá Csongorra» [Para Tünde -nombre de mi mujer- que encontró en Hispania a Csongor]

Representación de Csongor y Tünde

Huelga decir que la historia relatada por la obra de Vörösmarty iba de amor y yo,  Antonio Rodríguez, ocupaba en esa dedicatoria el lugar de «Csongor». Tünde, nombre inventado por el autor, construido a base de palabras preexistentes (tündér: hada; tündéri: mágico) arraigó en la Hungría revolucionaria y romántica de mediados del siglo XIX, hasta el punto de convertirse,  con el transcurso de los años, en un nombre de uso corriente, sin parangón en otras lenguas. La obra dramática se representa a menudo en institutos y teatros húngaros y guarda similitud estética con el Sueño de una noche de verano de Shakespeare.

Tamás tendría entonces unos 75 años. A esa edad, es normal que los regalos que se hagan y las convesaciones que se inicien estén relacionadas con la patria que se tuvo que abandonar. También viene siendo habitual que en la vejez uno se aficione a Wagner. Dijo Woody Allen que cuando escuchaba a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia. Ese es el Wagner que debió tener en mente Francis Ford Coppola cuando en su película Apocalypse Now eligió la Cabalgata de las Walkirias como tema para lanzar una escuadrilla de helicópteros armados contra poblados del Viet Cong con la música del alemán amplificada por altavoces gigantescos colocados en las propias aeronaves. Sin embargo, hay otro Richard Wagner que incluso puede traducirse al italiano. Es melódico y emotivo y sirve para arrancar lágrimas y acompañar oratorios y funerales.

En esa cena, Tamás tal vez ya estuviera muy enfermo. Torpe de mí no supe interpretar los signos. La edad avanzada, las conversaciones, el wagnerianismo tardío y sobre todo que quería dejarme su biblioteca cuando él faltara. En ese momento no caí en la inminencia de la muerte. Nos habíamos tomado gran aprecio a pesar de la diferencia de edad y sus conversaciones eran interesantísimas. Había tomado partido por la causa monárquica y devoraba libros que trataban la restauración. Sobre su escritorio, situado en una esquina del salón, había una biografía, a medio leer, sobre la Archiduquesa Regina de Austria, quien hubiera sido, si la Historia hubiera tomado otros derroteros, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría.

Tres años más tarde supe que había muerto porque un amigo suyo contactó con nosotros para que le ayudarámos a repatriar sus cenizas a Hungría. El bueno de Tamás dejó en algun pedazo de papel nuestros nombres para esta última gestión. Hoy he escuchado a Wagner en italiano y me he acordado de él. Descansa en paz en tu querida tierra húngara.

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