Microdiario. Operación Triunfo echa el cierre patronal


Rosa López

Voy a ser egoísta (una vez más). A mí que le echen el cerrojazo a Operación Triunfo me importa más bien poco. Confieso que seguí el programa en su primera edición, hace ahora unos diez años, cuando aquella chica de pueblo, entrada en carnes, cantaba el Killing me softly de Roberta Flack. Aquella muchacha, Rosa López, estuvo a punto de regentar un asador de pollos, que sus padres ya tenían apalabrado, antes de que el programa llamara a su puerta. El Destino nos privó de una permanante asadora de pollos a cambio de darnos una voz fugaz que se rompió al poco tiempo. Esa edición sirvió para descubrir talentos a los que nunca compré ningún disco. A partir de ahí poco más. Sólo volví a ver algunos programas, en sus tramos finales, arrastrado por el clamor popular hacia o contra un tal Risto Mejide que despellajaba sin piedad a los concursantes ¿De qué otra forma pudiera haberse mantenido en antena esas insufribles galas que eran repeticiones de otras galas anteriores y éstas malas copias de actuaciones de artistas al que los alumnos de la academia trataban de imitar con escaso éxito?

A mí lo que me importa son esos diez años, dos lustros que han pasado desde ese primer programa que no vi hasta la última gala que tampoco veré. Operación Triunfo es como uno esos trastos que tienes en casa a los que sólo echas de menos cuando se rompen o se pierden. La clausura de Operación Triunfo son diez años de mi vida que se me han caído del calendario y eso me da mucho vértigo.


Posted

in

, , , , ,

by

Comments

Deja un comentario