
No seré yo quien aplauda a Marruecos y su enésimo antentado contra los derechos humanos. Todo persona tiene derecho a ostentar una nacionalidad, en el sentido jurídico de la palabra, aun cuando quiera ostentar otra distinta. Marruecos ha declarado que el territorio del Sahara es marroquí, y mantiene una efectiva ocupación sobre gran parte del mismo, por lo que ha de tratar a sus habitantes como marroquíes aun cuando éstos no deseen serlo. No extraña que Marruecos, bajo un régimen feudal, haya retirado el pasaporte a una de sus «molestas» ciudadanas colocándola en situación de «apatridia» (no es lo peor que ha hecho en los últimos años), lo que me soprende, una vez más, es la actitud del gobierno español ante el conflicto.
La quebrada relación entre el Reino de Marruecos y Aminatu Haidar, es una relación Estado – súbdito cuya responsabilidad o incumbencia no puede ser de en un tercer Estado. Existen mecanismos en la esfera del Derecho Internacional para sancionar, con el permiso de los Estados Unidos, al Estado que conculca los derechos humanos, Marruecos, en este caso. En cuanto a la agraviada, puede acogerse a numerosas normas españolas, como las que regulan el derecho de asilo, cuya concesión requiere la voluntad y la solicitud del interesado. O incluso podría solicitar la nacionalidad española, pues parece que Haidar es descendiente de española, luego de haber residido el tiempo prescrito en el Código Civil.
La señora Haidar, lejos de solicitar cualquiera de los estatutos que brinda nuestro Derecho (asilado, residente por motivos humanitarios, etc.) desprecia todos ellos, lo que le honra, pero se permite el lujo de responsabilizar al Gobierno español de su desdicha, retrotrayéndose 30 años, a aquel tiempo en que España abandonó el Sahara, expulsada por marroquíes, mauritanos y los propios saharauis.
No es casualidad que en la mesa de negociación se haya encontrado con el Gobierno de Zapatero, representado por el hábil negociador Moratinos. A estas alturas del culebrón ya ha ofrecido a Haidar la residencia en España, el asilo y hasta la nacionalidad con «carácter excepcional», argumentando que sería un honor para España conceder la ciudadanía a una persona de tan elevadas cualidades. !Qué pensarán los inmigrantes cuyos expedientes de nacionalidad, tras residir en España durante 10 años, se atascan en los juzgados ante la inoperancia de funcionarios y la escasez de medios técnicos! En fin, si la activista saharahui aguanta la huelga un par de días más la hacen Ministra de los Derechos Humanos.
Es una desgracia padecer su situación pero una suerte que estas vicisitudes le hayan ocurrido con Zapatero al frente del Gobierno más débil de la Historia de la Democracia Española, un ejecutivo que intentará contentar a todas las partes aunque para ello tenga que sacrificar, una vez más, el prestigio de la diplomacia española, el erario público, y, muy de tarde en tarde, la cabeza de algún ministro.
Deja un comentario