Ni la crisis mundial, ni las torpezas de Zapatero y sus ministros están sirviendo al Partido Popular para alcanzar su objetivo, ganar las elecciones generales. Mariano, con la misma autoridad que Groucho, se está dejando desmontar, trozo a trozo, como el tren de los hermanos Marx, cuya caldera era insaciable. Un pasito para delante y dos para atrás. Y eso que navega con el viento a favor de las hipotecas tóxicas y los resoplidos del Plan E y sus despilfarros. En cada estación sale uno chamuscado. Que si Camps, que si Costa, que si los Gürtel y compañía. Los que no se le achicharran por la corrupción, se le queman ellos solitos, a lo bonzo, como Gallardón con sus Olimpiadas imposibles. A este paso va a acabar deseando a Pepín, que hizo el Curso Avanzado de Fotografía impartido por Alfonso Guerra. El que se mueva no sale en la foto. Pero a Mariano se le mueven todos, incluso el caballo del retratista. Él sigue impasible, con cara de Buster Keaton en el Maquinista de la General. Su locomotora y Cospedal son sus dos amores. Avanza impertérrito mientras su propio ejército le sabotea las vías. ¡Sonría por favor! El tren ya ha llegado a su destino. Y no es presisamente la Moncloa.

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